Amo los pesados grillos
que me dieron por tormento
son recios como mi aliento,
como mis versos, sencillos.
Bendito el yugo que es
castigo de un gesto bello:
antes que sufrirlo al cuello
quiero llevarlo en los pies.
Y bendita la crueldad
que me da, a más el encierro
por cada libra de hierro
un quintal de dignidad.
Que hoy en nuestro patrio lar
cadenas y grillos son
el más preciado blasón
que puede un libre ostentar.
Por estos hierros, mi historia
cobra relieve imprevisto:
son como la cruz de Cristo,
suplicio y ejecutoria.
Y su acción permanente
callos formó en mis tobillos,
tengo, gracias a mis grillos,
limpia de callos la frente.
Mis grillos son mi tesoro,
pues realizan a mi vista
la ilusión del alquimista:
el hierro trocado en oro.
Y con amarlos me vengo
del mal que me preocupa:
¡me los dieron por tortura
y yo por gloria los tengo!
(Graves y agudos, 1940)
Francisco Pimentel "Job Pim" Caracas, 1889-1942